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POCHO era y es una hormiga, pero una hormiga muy pero muy especial. Exploradora y a la vez Obrera (altamente calificada), sin mencionar, por supuesto, las tareas de organización interna de los hormigueros y las vinculadas con la capacitación de nuevos líderes comunitarios. En su trabajo de hormiga, localizo los cien lugares del Gran Rosario y del Cordón Industrial donde está el alimento y los materiales necesarios para la construcción del Hormiguero Nuevo, el Hormiguero Grande que otros soñaron, una verdadera Patria donde Todas las hormigas sean Hermanas.
- ¡El invierno eterno no existe, si despertamos se va!, andaba gritando y predicando el Pocho con su Bicicleta. - ¡Podemos y debemos construir la Primavera!!!, para eso usaba su garganta y su sangre esta Hormiga ciclista que pedaleaba y pedaleaba bajo la lluvia, contra el viento, cagándose de frió, de calor y de risa hasta llegar a la otra punta del camino, que, para él era apenitas el inicio de otro y otro. El "NOSOTROS" de Pocho era un nosotros mucho pero mucho mais grande que el que podamos pensar y recorrer en auto o en tren. Era un nosotros como de doscientos idiomas, mil religiones y millones de fiestas de cumpleaños y pesebres. No se limitaba a las hormigas negras, rojas, cumbieras, tangueras, grandes, medianas, pequeñas, diestras, zurdas, chuecas, NO, él creía en un mundo construido por hormigas granito a granito, donde pudieran vivir cómodamente caballos, grillos, perros, abejas, abogados, unicornios, dentistas, elefantes blancos, psicólogos, pastores alemanes y de los otros también. Y también tenía un plan secreto para Vegetarianizar a los hermanos carnívoros e insectívoros, especialmente a los osos hormigueros que con la excusa del neoliberalismo, el fin de la historia y la cadena alimenticia colaboran con el exterminio de hormigas. Pocho exploraba y señalizaba los caminos como decía,
pero mientras tanto hacia el trabajo de obrera transportando pesadas cargas
en su mochila que se vaciaba sólo para llenarse nuevamente con auténticos
productos regionales.
Plomo en lugar de alimento, plomo en lugar de caricias, cosquillas y mimos. Nos habló de lo tremendo de este hecho por lo simbólico y por cómo desnudaba la perversidad y la crueldad de los planes hormiguicidas. Ignorábamos, en ese momento, que a las pocas horas, un 19 de diciembre a las 18h, en la escuela de uno de los hormigueros más pobre de Rosario, sucedería otro hecho cargado del mismo simbolismo. Esta vez no fue en la panza, Pocho no reclamaba comida para él, estaba usando su garganta como siempre, para predicar que el invierno eterno es un verso, que podemos y debemos construir la primavera, y exigiendo a viva voz a las hormigas que andan con armas y sin memoria, (las que visten uniformes color azul mercenario que es el color más triste de todos) que dejasen de matar y reprimir a quienes deberían estar defendiendo. La garganta de Pocho era para eso, para intentar lo que para otros es imposible; y ahí fue el disparo, no fue a la panza. A la pancita va cuando pedís comida, cuando gritas por los otros va a la garganta. Hoy pasé por una de las tantas asambleas de hormigas,
siguen preocupadas por hacerle entender a todas las otras especies cómo
y quien era El Pocho, buscan y buscan traducir con palabras y gestos tanto
amor y compromiso, tratan de encontrar algún sinónimo, algo que defina
a ese flaco despeinado, ex-seminarista, profesor de filosofía, cocinero-murguero-delegado-campamentero-catequista-organizador
de no se sabe cuantos grupos de hormigas. Y ahora andamos con el Pocho por las calles, cargándolo en las pancartas junto a Juan, a Yanina, a Graciela y a todas las hormigas ejecutadas, cargándolo en las pancartas porque se quedo sin sangre de tanto "hacer el amor" como dice Barón. Eso sí, no era de los que se van así nomás, no te lo decía directamente, pero algo picando dejaba el muy guacho. En las chapas del techo de la escuela donde lo crucificaron alguna Pocheada se mando. Seguro que esa mancha ahí arriba, el charco seco, es mucho más que eso. Tal vez un mapa, un sueño, una flecha que señala por donde va a llegar el fin del invierno o simplemente algunas tareas o notas de viaje, pero seguro que algo dibujado, escrito o manchado dejo para todas las hormigas que formaban ese nosotros hermosamente grande que él palpaba, sentía y construía todos los días. Una hormiga chaqueña, conocida en el ambiente masculino como Manolo y en el femenino como Manuel Daniel, con mucho respeto y mucha mas ternura escribió una nota que tituló: Pocho de Ludueña al Cielo. Y si lo dicen los diarios, y lo dice Manolo así debe ser, ahí andará Pocho desparramando nubes con su bicicleta, sacándose el gusto de organizar campamentos, mateadas y guisos con todos los pibes que no llegaron a conocerlo porque "se murieron" antes a causa de Gatillo fácil, hambre, enfermedades curables, "suicidios carcelarios", bolsitas y submarinos, y otros tantos accidentes del capitalismo. El Tata Dios tendrá que bancarse andar esquivando
los piolines de las carpas y soportar celestialmente a la más maravillosa
música que es la murga ensayando hasta la madrugada, pero, a lo mejor,
podrá enterarse a través de Pocho (si previamente el Sup de allá arriba
compromete su apoyo irrestricto e incondicional a la causa) quien es el
que anda regalando botellas con un velero enorme adentro sin su permiso
y quienes son los que cuando todos duermen pintan en las paredes del cielo NO OLVIDAMOS-NO PERDONAMOS-NO NOS RECONCILIAMOS |
