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En su breve pero intenso paso por la
vida, Pocho Lepratti tuvo el hoy no muy frecuente privilegio de haber
sabido escribir con sus actos lo que decía con sus palabras. Se trataba
de un hombre coherente, y como tal lo recuerdan en forma unánime todos
aquellos que compartieron con él un puesto de trabajo o un espacio
en la militancia sindical, que tampoco le fue ajena.
Pocho estaba apenas armado de una bicicleta y de una gran "paciencia
impaciente", como recuerda uno de sus compañeros en las lides
gremiales. Montado en sus dos ruedas realizaba agotadoras travesías
por la avenida de Circunvalación desde Ludueña, donde vivía, hasta
la escuela de barrio Las Flores, donde era auxiliar de cocina en el
comedor.
Algunos memoriosos hablan de una anécdota que lo define. Alguien le
preguntó por qué no se compraba una moto o un auto, a lo que Pocho
respondió sonriendo: "No quieras cambiarme la política".
Carlos de la Torre, su director desde 1997 en la Escuela Nº756 José
Serrano de Las Flores, lo recuerda como "un hombre de una actitud
de nobleza total, altamente solidario, muy querido por los chicos
y muy respetado por sus compañeros", a la vez que destaca "la
total entrega a sus ideales y su alto nivel de compromiso social".
Marta Gómez, Laura Villarruel y Graciela Cappelano, sus compañeras
en el comedor de la Escuela Serrano, coinciden en describirlo como
"un hombre muy reservado, de pocas palabras, pero muy afectuoso
con los jóvenes y buen compañero".
Edgardo Giordano, maestro del Aula Radial Nocturna "Pocho Lepratti"
de Las Flores, aseguró que "Pocho hablaba poco, pero cuando lo
hacía era con fundamento y para resaltar y transmitir algún valor
comunitario, fundamentalmente de amor y solidaridad".
Ubaldo Scardilli, un alumno del aula radial, rememora que "siempre
atinaba a decir que iba a ayudar a alguien, porque tenía menos que
él, pese a que era un hombre muy austero y humilde". Recordó
que los alumnos decidieron ponerle su nombre a su lugar de estudios
"en homenaje a su ejemplo de lucha y porque es nuestra forma
de pedir justicia".
El profesor de Matemática Diego Portesio, quien brindó -sin conocerlo
en profundidad- los primeros auxilios a Lepratti sobre el techo de
la escuela y es uno de los testigos fundamentales en la causa judicial,
lamentó mucho "no haber podido disfrutar de su vida y su tarea
social".
Gustavo Martínez, ex secretario de Organización del Consejo Directivo
Provincial de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y miembro
de la comisión investigadora no gubernamental sobre los hechos de
diciembre, fue uno de sus grandes amigos y compañero en la lucha gremial.
"Hablar de Pocho desde el sindicalismo hoy es un gran desafío
-asegura-, porque tenía una actitud de entrega incondicional y poseía
la infrecuente capacidad de ver siempre al otro como un hermano".
(Diario "La Capital" Lunes
19 de agosto de 2002)
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