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Panorama desde las lentes Una atendible cantidad de películas de temáticas diversas se está rodando en la ciudad gracias a los subsidios que otorgan la provincia y la Municipalidad, principales y casi únicas fuentes de financiación |
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Ser un realizador audiovisual en Rosario no es un camino trazado pero, en los últimos años, se convirtió, al menos, en un camino transitable. En gran parte, gracias a la incipiente reacción estatal, tanto provincial como municipal, que destina partidas de dinero en subsidios para el sector. Y aunque las cifras todavía estén lejos de lo deseable para consolidar el campo, permiten que estén en marcha documentales y films de ficción dirigidos por realizadores locales. Las temáticas son variadas y no pocos los objetos de miradas. Entre los documentales, El Caso Cañete, de Marcela Galmarini, recrea la historia de Rubén Cañete, un chico que fue abandonado por su madre en los Tribunales a los seis o siete años y que, a partir de entonces, fue objeto de un proceso de judicialización que terminó con su muerte –caratulada de “dudosa” por el sistema penitenciario– en el penal de Coronda, cuando tenía veinte años. Esa historia, que Galmarini reconstruye en detalle, está en etapa de edición final. El documental también fue uno de los ganadores de los subsidios municipales y del concurso telefilms documentales del Instituto de Cine y Artes Visuales (Incaa). |
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Al listado de producciones documentales se suma Trescientos cincuenta, de Diego Fidalgo, al que le quedan pendientes sólo dos jornadas de rodaje y que también fue financiado con subsidios, uno municipal y otro provincial. El documental de Fidalgo revela la historia que existe detrás de las 350 bicicletas que están pintadas en distintas paredes de la ciudad y que fueron numeradas por su autor, Fernando Traverso. Durante la dictadura militar, veintinueve compañeros de Traverso fueron secuestrados y desaparecidos. Uno de esos compañeros venía un día andando en bicicleta y al cruzarse con Traverso finge no conocerlo, ya percatado de que lo vienen siguiendo. Más tarde, Traverso desanda el camino y ve la bicicleta de su compañero atada a un árbol. Pasan los días y la bicicleta sigue en el mismo lugar. Fernando comprende que se han llevado a su amigo. Impotente, se decide a cortar la cadena y llevarse la bicicleta. “El trabajo busca abordar algunos aspectos de la vida del autor de estas intervenciones poético-políticas, su pasado militante, su presente, hasta llegar a develar la historia de la bicicleta como icono en esta acción”, explica Fidalgo, que trabaja con Rubén Plataneo (cámara y fotografía), Lina Capdevila (producción) y Mercedes González (asistencia general). Otro de los documentales en marcha es el de Francisco Matiozzi, que eligió detenerse en los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001. Su película se llama Pochohormiga y toma la historia de Pocho Lepratti, el militante social asesinado por la Policía de Santa Fe el día 19 en el techo de la escuela de Las Flores en la que trabajaba. “Pocho desarrollaba un trabajo de hormiga, repartiendo esperanza, amor fraternal y espíritu de lucha entre los menos favorecidos de esta sociedad. Hoy las paredes de la ciudad proclaman “Pocho vive” y nosotros queremos contar quién era, qué pensaba y por qué luchaba”, explica Matiozzi. Cuando se ahogan las palabras, de Hernán Sorbera, ganó un subsidio del Incaa para telefilms documentales sobre la crisis de 2000-2002. En este caso, la historia está situada en América, un pueblo de la provincia de Buenos Aires que se inunda mientras Fernando de la Rúa deja la presidencia. Con fotografía de Fernando Zago y animaciones de Gregorio D’Angelo, el documental retrata la similitud entre los ciclos de la naturaleza y de la política argentina. Los hechos de diciembre de 2001, durante los que fueron asesinadas siete personas en Rosario, son el tema de 7, un documental de investigación dirigido y producido por David Narciso, Germán de los Santos y Daniel Schreiner. Los realizadores se plantearon poner como eje el marco político que rodeó los hechos y profundizar el modo en que la Justicia investigó esas muertes. El film obtuvo un subsidio municipal. En el campo de la ficción, el film de Hugo Grosso, A cada lado, en el que se narra una historia coral compuesta por cinco personajes que viven a uno y otro lado del puente Rosario-Victoria, está en stand by hasta que llegue el salvador adelanto del Incaa que el director solicitó para avanzar en el proyecto (un dinero que el organismo otorga en contraprestación a lo que recupere por proyectar el film en la televisión). El film de Grosso había ganado un premio al guión en el The Global Film Initiative New York 2003. Si bien la película está detenida, ya están rodadas algunas escenas como un cortejo fúnebre sobre el puente antes de su inauguración. En A cada lado habrá una combinación de actrices locales y de Buenos Aires como Mónica Alfonso y Mónica Galán, que interpretan a dos hermanas y, siguiendo lo que ya es casi un guiño en el nuevo cine argentino, Graciela Borges tendrá un pequeño papel como la dueña de un boliche al que llega Juan Pablo Geretto como “asesor del espectáculo”. Otro de los documentales que están en vías de concretarse es ¡Sucedió en Tablada!, de Elbio Córdoba, que también obtuvo un subsidio municipal. Su tema es la historia de ese barrio, desde finales del siglo XIX, cuando se dispuso que el barrio Tablada sería basural, curtiembre y matadero, hasta la primera mitad del siglo XX, cuando fue sede nacional de la resistencia peronista. La acollarada, de Florencia Travesaro, un documental que obtuvo un subsidio de la Secretaría de Cultura de la provincia, se detiene en la geografía de las islas denominada “Los meones viejos” que, dicen algunos isleños, era antiguamente el cauce principal del Paraná. El proyecto de Travesaro es registrar las fluctuaciones del paisaje con la llegada de cada estación del año y la vida de los hombres que viven en el lugar –un cazador, un pescador, un apicultor, un cortador de juncos– que desarrollan actividades de subsistencia íntimamente relacionadas con la naturaleza. Un viaje en el tiempo por los cines del pasado La semana pasada comenzó el rodaje de un nuevo largometraje rosarino producido en video digital que lleva el título provisorio de Paquebotes en la noche y que tiene como tema el destino de las salas cinematográficas abandonadas de la ciudad. El equipo realizador está integrado por Florencia Castagnani, Mauricio Alonso, Luciano Barrera y Emilio Toibero. La primera jornada de trabajo se desarrolló en los restos del cine Normandie, también llamado Metropol por algunos años, que entre el 6 de agosto de 1932 y el 31 de julio de 1968 funcionó en Salta 2955. La producción ya tiene registradas setenta y siete locaciones y muchas de ellas corresponden a cines abandonados que fueron transformados en iglesias, edificios o playas de estacionamiento. El equipo evalúa que en seis meses completará un primer registro y aclara que, si bien las imágenes aportan un material que ubica al trabajo en el género documental, la historia estará contaminada con elementos ficcionales. La segunda jornada de grabación fue en el ex cine Cervantes, en San Juan 2450, donde ahora hay un garage. En el antiguo edificio del Cervantes, que funcionó entre 1930 y 1971, aún puede verse el nombre tallado sobre la fachada, el tipo de detalle que permite ver las sucesivas capas del tiempo que busca recuperar el film. Personajes marginales en clave “roselliniana” Claudio Perrín filma en estos días un largometraje de producción “extremadamente independiente” –como el mismo define– sin subsidio alguno y sin miras de recibir dinero. En esas condiciones, Perrín comenzó el rodaje de Terminal, un largo en video digital que el director aspira a pasar a 35 mm “alguna vez”. Terminal, cuenta la historia de un hombre, un marginal, que es contratado por desconocidos para hacer un trabajo. Así, llega a la terminal de Rosario y se aloja en un hotel a esperar el llamado de sus ocasionales patrones para entrar en ación, pero ese llamado nunca llega. A partir de allí, el protagonista comienza a relacionarse con el mundo de la terminal. Para Perrín, esa zona funciona dentro de la trama ciudadana “como un imán para gente que necesita trasladarse, donde las personas deambulan sin saber que hacer; un lugar de vendedores cuentapropistas, taxistas, desahuciados, arrebatadores, etc. Todos mezclados en una atmósfera densa que, por las noches, se intensifica. Es una zona que siempre deja entrever la sensación de estar al borde de estallar, en un conflicto de magnitudes sociales insospechables”, sostiene el director. Con este espacio como referente, la estética que se desplegará durante el rodaje intentará que la historia ficcional, producto de la observación de la realidad, sea tratada con las marcas de un documental. “Como lo hicieron Roberto Rossellini en Viaje en Italia (1953), o Agnes Varda en Cleo de 5 a 7 (1961)”, cita Perrín, para indicar sus referencias Fuente: Diario El Ciudadano
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